martes, 22 de octubre de 2013

Le monde de l'art

"Nunca le pregunten al artista. Aprendan a leer la obra".
Cada día, cientos de personas deciden dejarse caer por los museos de arte, a veces de forma decidida a enfrentarse con la obra e intentar hacer un esfuerzo por entenderla, otras veces de manera casi obligada por amigos o profesores; pasando por delante de cada obra sin mayor detenimiento. En nuestro diálogo con ella podemos llegar a obtener su procedencia, autor y fecha, técnica, estilo, tema y función. Aunque en muy pocas ocasiones sabremos algo acerca de su comprador, de su largo viaje antes de ingresar en dicho museo, de su precio en el mercado y su respectiva crítica. Se nos presenta de este modo un mundo muy desconocido para aquellos ciudadanos corrientes que deciden interesarse por el arte.
"Soy atea, pero creo en el arte. Me ayuda a entender mi modo de vivir".
La autora Sarah Thornton nos introduce en este mundo tan enrevesado y desconocido para muchos de nosotros. Escritora de numerosos artículos sobre el mercado del arte, en este libro nos acerca a los integrantes del mundo del arte. Nos presenta siete relatos, cada uno en ciudades de países distintos, en los que por medio de entrevistas aborda de forma directa y concisa el tema tratado, resolviendo todas las posibles cuestiones. Sarah se desplaza al lugar donde acontecen las distintas entrevistas y junto a ellas nos comenta la vivencia de su estancia. En tan solo siete días nos muestra un recorrido completo, que comienza con  una subasta, seguido de una crit, pasando por una feria y una visita al estudio del artista, para terminar todo ello en la famosa Biennale.

En muy pocas páginas encontramos historias que normalmente pasan desapercibidas y todas las claves para poder llegar a entenderlas. En este libro se plantean cuestiones actuales sobre el campo del arte y sus sectores; sobre los artistas, marchantes, galeristas, curadores, críticos, coleccionistas y subastadores, que son los que hoy día marcan las pautas de lo que llamamos arte.

Finalmente un libro imprescindible para afianzar conocimientos sobre el mundo del arte y sus integrantes. Fácil de manejar. 

jueves, 3 de octubre de 2013

Femmes et animaux, créatures sans droits (II): animaux en captivité.

"[...]Nunca debe dar un respingo por nada que vea, ni hablar con otros caballos, ni morder , ni dar coces, ni tener voluntad propia alguna, sino que debe siempre obedecer la voluntad de su amo, aunque esté muy hambriento o cansado". Anna Sewell, Belleza negra.
 “Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos”.
Lord Byron, epitafio para su perro.
  “A los animales, que hemos vuelto nuestros esclavos, no nos gusta considerarlos nuestros iguales.” Charles Darwin.




Fieles, sabios, valientes, simpáticos, dulces, son muchos calificativos que hacen referencia a nuestros acompañantes y buenos amigos, siempre vigentes a lo largo de la historia. Muy presentes en la vida del ser humano y en la historia del arte, como podemos comprobar en la gran producción artística. Los animales, han sido símbolos de vicios y virtudes tanto masculinos como femeninos. Esta iconografía animal se encontraba  recogida en los llamados Libros de Emblemas o Fabularios, en ellos a cada animal se le designa una forma de representación y sus correspondientes atributos que le denominan. El perro suele representarse como símbolo de fidelidad a su amo, de guardián o vigilante de los lugares sagrados, o en otras ocasiones encarna, dentro de los siete pecados capitales, la envidia, ya que según los naturalistas, lo quería todo para si, sobre todo cuando se trataba de comida.


















Durante este periodo victoriano las obras de la autora Rosa Bonheur fueron muy aclamadas y populares cuya temática  estaba dedicada por completo al mundo animal. El fervor por los animales en Inglaterra fue muy destacado. Las "mascotitas" así llamadas por la reina Victoria constituían un referente de valores y virtudes femeninas. Se equiparaba la domesticidad del animal con la feminidad domesticada; la mujer dócil como un animalito manso que atiende a las normas dictadas por sus dominantes. Enjauladas como un pajarito; buenas, fieles y obedientes como un perrito y trabajadoras y laboriosas como un burrito.


Pero Rosa Bonheur quería establecer una nueva forma de ver al animal y a la mujer; quería dotar de libertad a ambos y expresar sentimientos de voluntad e independencia. 
Sus obras fueron alabadas por una amplio público, incluso por la reina. El tema de sus obras llevaron a diversos planteamientos sobre la vida y  los derechos de los animales, al igual que sobre sus abusos, como era el caso de la vivisección. 





De esta forma se empezaron a crear frentes y grupos feneminos que alzaban su voz a favor de la defensa de los animales. A la vez que estas mujeres luchaban por mejorar la calidad de los más indefensos, también estaban combatiendo por algo más, como eran sus propios derechos. 





En diversos campos, como era la ciencia médica, muchas de las técnicas y procedimientos que se empleaban con animales eran utilizadas también en mujeres, como podemos ver en los casos de la práctica ginecológica. Auténticos horrores que nos apunta la doctora Elizabeth Blackwell, a la hora de realizar castraciones y operaciones. Esto es otro incentivo que nos explica cómo las mujeres llegaban a identificarse hasta tal punto con sus semejantes animales. 

Junto a estos movimientos hubo otro fenómeno que rompió con aquellos prejuicios a la hora de reconocer los derechos de los animales. La novela llamada Belleza negra (Black Beauty), 1877, de Anna Sewell nos muestra en primera persona la vida de un caballo, cuenta su día tras día, su trabajo y la obligación que poco a poco sus amos les irá dictando. Nos habla de cómo se encuentra a merced de sus dueños, no tiene derecho a hacer nada por sí mismo, es propiedad de otros, su vida está a cuenta de quien disponga. 


Fue muy popular e impactante, aclamada y criticada, pero lo que sí podremos decir es que gracias a mujeres como Anna Sewell, Rosa Bohneur, entre otras muchas, al igual que los distintos grupos en defensa de los animales, se comenzó un debate por dotar de dignidad y derechos a aquellos callados y olvidados: nuestros compañeros. 
Después de todo "la cuestión de los derechos de los animales era en realidad una cuestión de derechos humanos". 




Fuentes:  CHADWICK, W., Mujer, arte y sociedad. Barcelona, Destino, 1992. SEWELL, A., Belleza negra. Cuba, Gente Nueva, 2012.
Para saber más del tema, conocer otros autores, y poder comentar y compartr conocimiento os dejo esta página: https://www.facebook.com/pages/%C3%80-coeur-ouvert/567176060004147

jueves, 26 de septiembre de 2013

Femmes et animaux, créatures sans droits (I): maîtresse de maison.

"Las mujeres son hechas para estar en casa, no para andar vagando. Sus gustos han de ser los de sus maridos, participados, no propios. El llevarlas a las fiestas mueve tal vez al que las ve, si son feas, a desprecios; si hermosas, a concupiscencia". Quevedo. 
"El arte es ajeno al espíritu de las mujeres pues esas cosas sólo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas". Boccaccio. 
"El poder de la mujer es para gobernar, no para combatir, y su dulce intelecto no está dotado para la invención ni la creación, sino para la grata ordenación, organización y disposición [...].Ésa es la verdadera naturaleza del hogar: es la sede de la Paz, y el refugio, no sólo contra cualquier tipo de agresión, sino contra todo terror, duda o división". Anónimo. 


Mujeres, derechos y poder en la sociedad victoriana no eran especialmente compatibles, de hecho hasta hace relativamente poco, derechos y poder eran palabras que no se llegaban a encontrar del todo en la condición de una mujer. 
Como ya bien conocemos el papel de la mujer a lo largo de la historia por medio del hombre, yo quiero darle otro punto de vista, otra mirada; contada por ellas mismas.
"Las mujeres viven como murciélagos o lechuzas; trabajan como bestias; y mueren como gusanos" Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle. 

 
















La casa era su lugar, su espacio, estaba destinada a ella y debía darse completamente en cuerpo y alma a ella. Durante el siglo XIX se llevó a cabo una reforma con la finalidad de la emancipación de la mujer pero ante esto, tanto la iglesia como diversas disciplinas científicas abogaban por derrocar este principio señalando el papel sumiso y recatado de la mujer. Estaba a merced y dependencia total de su esposo, incluso antes de llegar al matrimonio estaba supeditada a su familia o a su hermano o al familiar más cercano, principalmente varón. 
Encerrada en un mundo de lo privado, en el hogar la mujer tenía diversos cometidos como "ama de la casa" entre los que se encontraban: tener la casa ordenada, limpia a disposición de su esposo; debía de atender tanto el cuidado de los niños como de su aprendizaje, si no contaba con una institutriz y entre otras obligaciones, controlar el servicio, a los sirvientes y criados que trabajaban durante horas en el cuidado de la casa, para que estos tuviesen una buena conducta, laboriosidad y limpieza.















Bajo toda esta relegación, la mujer no permanecía impasible, ha habido muchas a lo largo de los siglos que han querido ver más allá de las paredes que la rodeaban y de las normas impuestas. Tal es el caso de las autoras Hildegarda de Bingen, Cristina de Pisan, Anna Sewell y pintoras como Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentileschi, Emily Mary Osborn, Vigée-Lebrun, Rosa Bonheur, etc. 
Todas ellas desafiaron su condición de obedientes y sumisas, adoptando un papel que no les era de su naturaleza. Por ello fueron castigadas, despreciadas y minusvaloradas. Durante este periodo victoriano se tenía la creencia de que pasar mucho rato estudiando o leyendo disminuía la feminidad de la mujer, al igual que contemplar modelos desnudos en pintura llevaba a la excitación y exaltación de las pasiones. Incluso se llegaba a dudar de si la mujer realmente tenía capacidad para aprender y opinar o si podría llegar ha realizar una gran obra de arte equiparable a la realizada por un varón con conocimientos.


"El nombre de una mujer pintora hace que las personas tengan dudas hasta que han visto la obra" Artemisia Gentileschi.
Su castidad y delicada virginidad eran virtudes que no podían perder, el ideal de feminidad victoriana considerada estos valores como los propios de la mujer, por lo que si en algún momento eran violados, eran estigmatizadas y consideradas mujeres descarriadas; muchas de estas mujeres señaladas eran simples trabajadoras, inmigrantes, pintoras, radicales sociales o solteras, que rompían con la moral establecida y la ideología del momento. 

Querían llegar a ser algo más de lo que su condición les indicaba, dejar de ser invisibles. Demostrar que ellas también podrían ser artistas, escritoras, trabajadoras y dueñas de su vida.  




"Os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro" Safo de Lesbos.


Fuentes: CHADWICK, W., Mujer, arte y sociedad. Barcelona, Destino, 1992. CASO, A., Las olvidadas. Barcelona, Planeta, 2008.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Art et Nature éphémère

La irrupción, la incoherencia, la sorpresa
son las condiciones habituales de nuestra vida.
Se han convertido incluso en necesidades reales
para muchas personas, cuyas mentes sólo se
alimentan […] de cambios súbitos y de estímulos
permanentemente renovados […] Ya no toleramos
que nada dure. Ya no sabemos cómo hacer
para lograr que el aburrimiento dé fruto. Entonces,
todo el tema se reduce a esta pregunta:
¿la mente humana puede dominar lo que la mente
humana ha creado?
Paul Valéry

Vanitas vanitatum et omnia vanitas.


 Todo es vanidad, todo acaba siendo efímero. La naturaleza va apoderándose de todo a su paso, no atiende a súplicas o plegarias, tampoco de riqueza o belleza. Solo se rige por el tiempo, la muerte es su dueña. Todo tiene su fin, su olvido y nada es perdurable, ni si quiera una obra de arte puede burlar a la muerte.
Vivimos en un presente eterno en el que no existe la muerte, ni el fin de nuestra existencia, la muerte es para nosotros un mero recuerdo que borramos con nuestras ocupaciones en el presente. La obviamos a toda costa y la rehuimos, le pedimos que nunca jamás nos visite, que no nos atormente e incluso a veces, tan osados somos que nos reímos de ella. 

 Cuando muestra su presencia, la muerte desgarradora, descompone todo a su paso, arrebatando la vida, belleza y humanidad existentes. Una vez que ya ha cumplido su cometido se dispone a buscar su próxima víctima, y entonces es la naturaleza la que interviene, tomando como suyo todo lo que la mano del hombre le había arrebatado. 

 En este caso no es la vida humana, sino el arte. Aquello creado por el hombre para ser inmutable al paso del tiempo, donde el concepto de lo efímero era casi impensable podérselo aplicar.


 La autora estadounidense, Valerie Hegarty, altera el concepto de obra de arte. Coge paisajes, retratos y bodegones, todos ellos géneros muy empleados por los artistas y los desgarra, quema, acuchilla y finalmente los destroza. Quedando de esta forma algo irreconocible. 
No se sirve de técnicas habituales, no crea, sino que, en este caso destruye. En muchas ocasiones estas descomposiciones las incluye en un escenario, compuesto por elementos propios de la naturaleza; son pequeños paisajes integrados dentro de un contexto museístico. 
Muchas de sus obras vuelven a su estado original; la madera de los marcos se va transformando en ramas, en las que incluso a veces, brotan de ellas pequeñas hojas y flores. Los pájarovuelven a establecer su hogar en torno a ellas. La naturaleza vuelve a tomar lo que es suyo. Pero entonces ¿Dónde se encuentra ahora la obra de arte? ¿Existe realmente?
Podríamos decir que aún permanece, que existe, aunque no como tal. Lo que aquí encontramos es una idea distinta de arte. Los juicios tradicionales que teníamos sobre la obra de arte han ido cambiando hasta tal punto de que, como nos muestra Valerie, ya no existen. El concepto de obra tradicional ha muerto. 

 La artista de esta forma le otorga un significado al arte quizás aun desconocido: la vuelta a la naturaleza, ha su estado de origen. En sus obras se encuentra la lucha del hombre por civilizar la naturaleza, por hacerla suya. La naturaleza está en guerra contra la humanidad. 
 Así, Valerie quiere devolverle a la naturaleza el poder que tenía, quiere darle un papel importante y primordial que ya había perdido. Por medio de la descomposición y destrucción nos enfrenta con la muerte, nos deja cara a cara con ella de una forma desgarradora.  Junto a todo ello, también aporta una nueva idea: la muerte del arte también es posible.


lunes, 12 de agosto de 2013

Art et Nature: Peinture avec la sable.

Jugando con la arena, el mar y yo estábamos una tarde. 
Yo dibujaba grandes elipses y círculos infinitos, mientras mi gran compañero los iba borrando a su paso. 
Yo creaba y él destruía. 
Hasta que al final de la tarde, no quedó nada; todo aquel juego únicamente seguiría grabado en nuestra mente como un mero recuerdo. 


Una variante del Land Art muy conocida es la llamada Sand painting, como otras muchas se caracteriza por su carácter efímero. Nos propone un juego entre el mar y nosotros, ¿Quién no ha jugado de pequeño a dibujar en la arena antes de que llegase la marea? Con una pluma, un rastrillo o una piedra, escribíamos una frase o trazábamos y esbozábamos nuestros pensamientos.
Esta nueva forma artística, nos trae la ya olvidada práctica de pintar en la arena propia de nuestra infancia. Ahora nos la presenta el artista británico Tony Plant, que entre otras muchas obras, se dedica a realizar Sand painting. Con su enorme rastrillo, mientras camina, va peinando y dibujando poco a poco la arena. Recorre la playa y deja su huella, que más tarde el caprichoso mar se la llevará a su paso. 

Espirales, elipses, círculos, combinados de muy diversas formas, quedan congelados en un instante en nuestras instantáneas cámaras fotográficas, para ser luego atraídos y borrados por la marea. Sólo nos queda el recuerdo digital o en papel de lo que una vez fue. El mar renace en cada pasada la superficie, que vuelve a convertirse en un campo de arena virgen para ser de nuevo dibujado. 
“Soy un pintor y realizo mi trabajo en soportes poco tradicionales. Los espectadores se encuentran mis obras por casualidad. Pasan por ellas y normalmente no vuelven a verlas”.
  “¿Y por qué no debería elegir un sitio como la playa sabiendo que el trabajo va a ser muy efímero? Creo que dibujar en soportes más tradicionales no garantiza que tu obra dure más. Nada dura para siempre. Las cosas cambian y se transforman siempre. Tengo 50 años y he llegado a la conclusión de que lo interesante no es la obra, sino el proceso creativo. A veces, ni siquiera me da tiempo a ver la obra terminada: la marea se lo lleva antes de que tenga tiempo de subirme a una loma para ver cómo ha quedado el resultado”.
Tony Plant          


Pocas personas son testigos de sus obras, solo el mar y él saben de su existencia. Principio creador y final destructor. 



martes, 6 de agosto de 2013

La Nature et la Pensée (II)

"Hay quien no camina nada; otros, lo hacen por carretera; unos pocos, atraviesan fincas. Las carreteras se han hecho para los caballos y los hombres de negocios. Yo viajo por ellas relativamente poco, porque no tengo prisa en llegar a ninguna venta, tienda, cuadra de alquiler o almacén al que lleven. Soy buen caballo de viaje, pero no por carretera. El paisajista, para indicar una carretera, usa figuras humanas. La mía no podría utilizarla. Yo me adentro en la Naturaleza, como lo hicieron los profetas y los poetas antiguos, Manu, Moisés, Homero, Chaucer."
"¿Qué sería de la vida humana sin bosques, sin esas ciudades naturales?"
 El bosque, el paisaje, nos dicen mucho más de lo que a simple vista podemos llegar a ver. El hombre de hoy, del siglo XXI se encuentra inmerso en la prisa, la fugacidad de las cosas y la inmediatez con la que vivimos cada día. Todo pasa ante nuestros ojos muy rápidamente; el día, la noche y siempre nos falta tiempo. Pasear no entra dentro de nuestros planes, de hecho, incluso a veces algo tan natural como es caminar lo convertimos en algo inusual, excepcional e incluso extraño. Pasear hoy es diferente, pocas veces lo realizamos en soledad; y es que el hombre de la gran ciudad tiende a escapar de ella, tiene miedo a enfrentarse consigo mismo, no se conoce, no sabe quién es. 
 La Naturaleza es el gran enigma del hombre, es aquella inmensidad que nunca podrá apropiarse, pero que, aun así mantiene una dura batalla por conquistarla, por sacar el máximo provecho de ella para beneficio propio, sin reparar en consecuencias, ni en daños. 
Thoreau nos muestra como existe otra forma de ver la Naturaleza y de vivirla, en pura consonancia con ella; nosotros solos ante nuestros pasos, ante el inmenso bosque o el fluido arroyo.
"Las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, sino allí donde el hombre se enfrenta a un hecho."
 Al igual que Thoreau la corriente artística llamada Land Art, surgida desde finales de los sesenta hasta la actualidad, comparte la idea y las reflexiones de que la naturaleza es un espacio hacia el cual volver la mirada y con el que establecer una nueva relación. El campo de estudio del Land Art es la propia naturaleza, el paisaje se convierte en acción y llega a ser un híbrido entre escultura y arquitectura. Su nuevo campo de estudio artístico es la montaña, el desierto, el frondoso bosque o incluso el propio cielo. Los autores pretenden manifestar un distanciamiento y desvincularse de la gran ciudad industrial capitalista, para dirigirse hacia un espacio poco habitado por el hombre. 
"Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida... Para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido."
 En sus obras vemos la mínima intervención del propio artista, usando materiales que se encuentran en el entorno, aquellos ofrecidos por la naturaleza. Prima el concepto de lo efímero, de la acción; por lo que el tiempo se convierte en una condición básica.
 Muchas de las obras Land Art están concebidas para ser instantáneas, perecederas; como un espiral en el aire o unos dibujos en la arena. Lo importante no es la obra en sí, sino la acción y el discurso que nos lleva a esa idea.  
 Cada artista enfoca su proceso artístico de distinta forma, aunque comparten la idea de establecer una estrecha relación entre artista-obra-espectador. 
 Tanto Thoreau como el Land Art nos muestran una nueva conexión con la Naturaleza, una forma de conocerla y explorarla como nunca antes la habíamos vivido.
"Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado para vivir."


lunes, 15 de julio de 2013

La Nature et la Pensée (I)

"La villa es el lugar al que llevan los caminos"
"La caminata de la que yo hablo no tiene nada que ver con hacer ejercicio, como suele decirse, sino que es la empresa y la aventura del día en sí (...)" 
"La mitad de la caminata consiste en volver sobre nuestros pasos. Tal vez deberíamos lanzarnos al más corto de los paseos con espíritu de imperecedera aventura, con idea de no regresar jamás, listos para enviar sólo el corazón embalsamado a nuestro desolado reino"
H. David Thoreau.

Hace unos días que leo y disfruto de Pasear, del autor Thoreau. En cada pequeña página hay mil y una sensaciones; de repente te encuentras caminando en el interior del corazón del frondoso bosque, todo él te rodea y se crea una nueva relación entre tu y la naturaleza. A Thoreau no le gustaba pasear por aquellos caminos realizados por el hombre, ya establecidos; sino atravesar y adentrarse en la espesura del mágico bosque en el que sus pensamientos cotidianos o matinales como él los llamaba, se quedan a un lado y de esta forma poder "volver a sus sentidos", porque como nos dice Thoreau "¿Para qué estoy en el bosque, si pienso en cosas que no tienen nada que ver con él?".
En el pasear es donde está el placer, no se debe pasear con un fin o una dirección, si no que sea la propia naturaleza la que te guíe, sin prisas y entregado totalmente al paisaje que vas recorriendo.
Podemos afirmar como Thoreau era un enamorado de la naturaleza en su estado casi virgen, donde el ser humano aun no había llegado a intervenir en ella. Paseaba  unas dos o tres horas diarias y cada día descubría un nuevo paisaje. No trataba de apoderarse de esa zona nueva descubierta, sino que simplemente se dedicaba a disfrutar de ese paseo y toda la sensación que el caminar le transmitía. 
"De momento por los alrededores, la mayor parte de la tierra no es propiedad privada; el paisaje no tiene dueño y el caminante disfruta de cierta libertad (...)" 
Tanto la política como la Iglesia, el Estado, la industria o el comercio, no tienen cavidad en el paisaje, no valen los instrumentos inventados por el ser humano para determinar la naturaleza; no existen leyes en el bosque. En el paisaje, el caminante se aleja de todo ello hacia la llamada naturaleza salvaje. Lo salvaje, lo virgen, esa era la joya que le deslumbraba.
"Para mí, la esperanza y el futuro no están en los jardines ni en los campos cultivados, si no en los pantanos inaccesibles y movedizos"
Quizás el concepto de bello no radica en la perfección de la naturaleza; no es un árbol más bello por tener una forma más esbelta y perfilada que uno en el que sus ramas han ido tomando distintos caminos dotándolo de una forma más amorfa e uniforme.
La naturaleza que ideamos como bella es la que el hombre ha actuado y manipulado, creando una nueva según sus principios de belleza. Pero es cierto que esta belleza tiene más de nosotros que de la propia naturaleza, es artificial. La verdadera belleza de la naturaleza es la que nos cuenta Thoreau, aquella que se encuentra en lo salvaje, en lo desagradable y bravío que el hombre no conoce o aparta como algo indomable y bárbaro.
"Allí está la naturaleza, la médula, de la naturaleza"
Dejemos que el paisaje se nos descubra, apartémonos de nuestros condicionantes y establezcamos una nueva relación con nuestro paseo.

Un verano para pasear.